San Juan de la Peña: la historia que se construyó en la roca

San Juan de la Peña: la historia que se construyó en la roca

Por Jorge Buera, celador del Hospital Viamed Santiago

San Juan de la Peña se alza al norte de Huesca, en la comarca de la Jacetania, oculto entre paredes de roca que durante siglos han protegido su historia. El origen del monasterio se remonta a la cristianización de antiguos cultos paganos que persistían en la zona. Para encauzar esa transición espiritual, se consagró el lugar a San Juan Bautista, de donde proviene su nombre.

La primera construcción, levantada en el año 927, respondía al estilo mozárabe. En ella se erigieron dos bóvedas dedicadas a San Cosme y San Damián, y a partir de ese núcleo inicial el monasterio fue creciendo hacia el exterior de la roca. En su interior se distribuyen varias salas, aunque hasta hoy no se ha hallado ningún indicio de que existiera una cocina. A lo largo del tiempo sufrió diversas remodelaciones; una prueba de ello es la antigua puerta mozárabe que hoy sirve de salida hacia el claustro.

Ese claustro es la parte más reconocible de este singular monumento. Conserva la mayoría de sus columnas originales, aunque algunas han sido reconstruidas. En los capiteles se narran historias de los propios monjes, muchos de los cuales no sabían leer ni escribir, por lo que estas tallas funcionaban como un relato visual de su vida cotidiana y espiritual.

En el interior del monasterio reposan las tumbas de cinco abades, aún conservadas. Con el paso del tiempo, especialmente a partir del siglo XI, también fueron enterrados allí varios reyes: Ramiro I -primer rey de Aragón-, Sancho Ramírez y Pedro I, además de numerosos nobles.

Cuenta la tradición que durante aquella época el monasterio custodió el Santo Grial, antes de su traslado a Valencia, un relato que se utilizaba para atraer a los peregrinos del Camino de Santiago: aunque la ruta principal discurría lejos, este reclamo permitía desviar viajeros y generar ingresos para la comunidad monástica.

La vida en San Juan de la Peña se apagó en 1675, cuando un incendio —según cuentan, de tres días de duración— lo dejó gravemente dañado. El elevado coste de la reparación y el intenso frío que hacía dentro de un lugar excavado en la roca, llevaron a los monjes a construir un nuevo monasterio desde cero en una zona más elevada. Bajo la carretera actual las catas arqueológicas han revelado la existencia de más construcciones, aunque su función sigue siendo un misterio.

Actualmente, este monasterio -joya del Románico y primer panteón real de Aragón- se ha convertido en uno de los grandes referentes turísticos de la provincia de Huesca, un espacio donde el visitante puede sentir el peso de siglos de arte e historia mientras recorre uno de los enclaves más singulares del Pirineo aragonés.